De París a Masone - 1260 km

De París a Masone - 1260 km

 El primer destino

Al comienzo consideré que unos 60 km por día promedio de avance era un ritmo que podía sostener durante varios días. Me parecía un buen número. Quizás algo conservador. Entendía que la geografía por la que iba a andar los primeros días era dentro de todo plana por lo tanto el desgate físico no parecía que fuera a ser un problema. Elegí entonces como objetivo a Fountaineblueau, una pequeña ciudad al sur. Unas horas antes de irme a dormir y pensando sobre la decisión, opté por ir mucho más lejos; me sentía optimista. Volví a mirar el mapa. Más al sur, estaba Orleans, una ciudad muy vinculada a la historia de Juana De Arco en tiempos de la Guerra de los cien años entre Francia e Inglaterra. Estando tan cerca sabía que me iba a arrepentir si no la visitaba. Analicé la ruta y listo. Orleans, 125 km. Unas 7 horas y media de viaje. 

5 de mayo. De París a Orleans (125 km)

Si la hacemos, la hacemos bien...

Luego de varias idas y venidas pude despachar la valija en el correo postal. Eran las 10:50 de la  mañana. ¡Muy tarde!. Tenía planeado hacer 125 km. Un viaje que suponía ser casi 8 horas. El día estaba nublado y algo frío. Parecía que quería llover. El pronóstico al menos no decía nada de lluvia. A eso de las 11:30, ya estaba listo para salir. Registré el momento con un par de fotos dentro del hotel.

¡Salimos!

Mucho tránsito, lógico. Era jueves. Al mismo tiempo tenía que entenderme con el teléfono. No había comprado banco de batería, por lo tanto necesitaba que la batería aguante todo el viaje. Me preocupaba que la pantalla estuviera siempre encendida. Paré varias veces para ver si era posible que mantenga la pantalla en modo suspendido o algo así. Buscaba que se prendiera solo cuando la quería consultar. Pero no. No encontré manera. Opté por bajarle el brillo. También, me tenía que conocer con la ruta de la aplicación de Google maps. A la salida de la ciudad, me perdí varias veces. En una de esas, entré en una zona que parecía tener sus propios códigos. Algunos me vieron y se rieron. Pregunté cómo salir. Uno me señaló por donde salir  y rápidamente me fui. Debían ser las 14:30 hs y me estaba dando un poco de hambre. Paré para comer la viandita que llevaba en la  mochila. Me senté en uno de los vagoncitos de un tren de madera. Estaba cómodo. Hasta ese momento había hecho los primero 40 km. Me sentía muy bien. Como si nada.

Tiré los envases en un tacho que había enfrente y continué. 


El campo apareció. Y el sol también. 



A eso de los 100 km recorridos, me empecé a poner un poco ansioso por la llegada. Ya eran casi las 18:30 hs. Sabía que no faltaba mucho. En el mapa parecía cerca, pero en la realidad no era tan cerca. Y ahí estuvo el problema. Mi humor empezó a cambiar. Me empecé a molestar un poco. No entendía por qué no parecía que avanzaba. Daba la impresión que estaba prácticamente en el mismo lugar. El dolor en las manos, de sostener el manubrio lo noté más fuerte y el cuello también. Pero por sobre todo, la entrepierna con el asiento. Insoportable. Para redondear mi humor, faltando unos 10 km de Orleans, Google me desvió de la ruta de asfalto y me mandó por el medio del bosque. Muy lindo, sí. Pero ya estaba buscando llegar de una vez. Eran casi las 20 hs. 

Finalmente llegué. Mi ansiedad desapareció y me pude relajar. Tenía 12% de batería. Increíble. Me puse a buscar el hotel que reservé el día anterior. 


Había llegado. Objetivo cumplido. 135 km en total si contaba la ida al hotel. Era un buen comienzo. Pero estaba muy cansado y sentía que no estaba en condiciones de salir al otro día. Me había quemado por el sol porque no me había puesto protector, como suelo hacer.  Además, algo no estaba del todo bien. Algunos dedos de mi mano izquierda perdieron sensibilidad al tacto. No parecía algo pasajero. Evidentemente algo debía cambiar si quería continuar. Cambié la posición del asiento. 

Ya estaba decidido, me quedaba un día para reponerme y de paso conocer la ciudad. También me mudé de hotel a uno más cerca del centro. 







Tocó un día de descanso con un clima espectacular. Lo disfruté mucho. Hasta me di el lujo de tomarme un tecito con miel en un patio del hotel. 

7 de mayo. De Orleans a Bourges (105km)

¡Todas las pilas!

Habiendo descansado el día anterior, estaba listo para un nuevo viaje. Ajusté la distancia a 100 km. Elegía una pequeña ciudad llamada Bourges. Para estar más tranquilo con el teléfono, el día anterior compré un banco de batería que me salió 30 euros (ciertamente muy caro, pero buena marca). También compré comida para el viaje. Me levanté bastante temprano para evitar algunas horas de sol fuerte y tratar de tener un poco más de descanso a la llegada. Me preparé un cafecito instantáneo usando la pava eléctrica del comedor del hotel. Tenía un problema y es que había que mantenerla inclinada para que funcione; le puse un papel al costado y listo. Lo acompañé con un pedazo de sándwich de jamón y queso. A eso de las 8:50 hs tenía todo listo para salir. Una mañana con sol pero fresca. Me tuve que poner campera.


Cerca de los 40 km recorridos, igual que en le viaje anterior, me detuve a comer en un pequeño camping público. Un lugar donde normalmente paran las casas rodantes. Tenía un envase de fideos con ensalada y pedacitos de queso y un sándwich de jamón y queso. 


Alrededor de las 16 hs llegué a Bourges. Para esa hora hacía calor. 


Arribado al hotel y con una buena ducha encima, salí a conocer la ciudad...




8 de mayo. De Bourges a Moulins (103 km)

Con un buen desayuno...

Pagué el hotel con desayuno. Nada barato, debo decirlo. Pero al menos estuvo bien. Huevo, pan con manteca, el infaltable café de la mañana, tostadas. Estuvo bien. Tardé un poco más en prepararme, sencillamente porque preferí levantarme más tarde para descansar mejor. A eso de las 10:30 ya estaba preparado para salir. A los 30 km recorridos paré para comer. Un espacio amplio con un banco a la sombra. Había una escultura de un nena en un aljibe (dejo el enlace en Google maps)

https://www.google.com/maps/@46.7666085,3.0271412,3a,72.1y,62.2h,76.25t/data=!3m6!1e1!3m4!1sbEiaQralo0c053Drl526lQ!2e0!7i16384!8i8192?hl=es-419




Faltando 10 km para llegar y viendo que mi teléfono tenía solo 15% de batería le conecté el banco de batería. Por alguna razón no funcionaba. Era un problema, sí. Porque una vez que llegaba tenía que buscar el lugar que alquilé, que no era un hotel, sino un departamento particular. Tenía que contactarme con la persona al llegar. Decidí apurarme un poco para llegar con batería. 

Alrededor de las 17:30 había llegado a la ciudad cruzando un puente. La primera impresión al entrar en la ciudad no fue buena. Pasé por unas cuadras con varios edificios y casas en muy mal estado. Automáticamente me pregunté en dónde me había metido. Pero resultó ser así solo esa zona. Llegué a una plaza que parecía céntrica, bastante concurrida y le saqué foto a la bicicleta. 

Había puesto que mi horario de llegada iba a ser entre las 18 y las 20 hs. Como dije antes, llegué dos horas antes. Mi teléfono con de 5% de batería. Finalmente di con la dirección correcta del lugar pero no había nadie y tampoco timbre. Al rato pasó un hombre y gentilmente me ayudó Le comenté que mi teléfono estaba casi sin batería y que debía contactarme con alguien de ese lugar. Me pidió el número y se comunicó con la dueña. A los minutos apareció un hombre y me dejó pasar. 


Una vez dentro del departamento, me di una buena ducha para relajar. El departamento sencillamente espectacular. Hermoso. Me hice un café y después salí a conocer. 






9 de mayo. De Moulins a Roanne (97 km)

Con ganas de quedarme

Una mañana soleada. En un vecindario muy tranquilo. El canto de los pájaros era lo único que se escuchaba. Cerca de las 9 ya estaba desayunando. En realidad no tenía ganas de partir. Ayer estaba en la duda de si me quedaba un día más o seguía. Decidí continuar. A pesar de que Moulins me regaló un hermoso atardecer y paseo por sus calles, no veía que pudiera sorprenderme con algo más. Por otro lado estaba interesado en adquirir ritmo con la bicicleta. Era una relación de compromiso que quería establecer entre pasear y conocer y el ritmo de viaje. El tema del dinero también estaba sobre la mesa. Sabía que no podía durar eternamente. Cada día extra tenía que pagarlo y no venía siendo muy barato. Así que opté por seguir. Todavía tenía que comprar el almuerzo. Busqué un Carrefour grande en las afueras de la ciudad. Dejé la bicicleta toda equipada atada afuera y rápidamente compré un pollo con papas. Digo rápidamente porque detesto "abandonarla" en la calle, así esté bien atada. 



El viaje venía muy bien. Hasta que se me ocurrió parar para comer en una pequeña plaza perdida en el medio de Francia (pongo el enlace en el mapa).

https://www.google.it/maps/place/03130+Bert,+Francia/@46.3247908,3.7064287,158m/data=!3m1!1e3!4m5!3m4!1s0x47f145a257acf521:0xbd11844c17f72c4!8m2!3d46.3239019!4d3.705453?hl=es


Miré el teléfono y vi que hacía rato que no tenía datos de internet. Otras veces había pasado que reiniciándolo volvía a conectarse. Eso hice. Lo apagué y lo encendí. No solo no se conectaba sino que perdió las instrucciones de la ruta que venía siguiendo. Un desastre. Por suerte conservaba, con poca resolución, la información del mapa con las rutas. Eso, sumado al GPS fue lo que me permitió seguir el viaje. Tardé mucho más, obvio. Pero por la experiencia de los viajes anteriores ya tenía una idea de a dónde apuntar; a la RN7. Esa me llevaba. Para allá fui. 


A eso de las 18hs llegué a Roanne. Cansado pero contento. El teléfono se conectó a internet nuevamente. Pude comunicarme. Puse la dirección del departamento rentado y fui para allá. De afuera no parecía muy agradable. 


Una vez adentro se puede decir que me sorprendió. Muy espacioso. Bien equipado. Daban ganas de quedarse. No tanto como en Moulins, pero sin duda si necesitaba descansar tenía que ser en un lugar así. Después de acomodar todo, me pegué una ducha y salí a conocer. 







De Roanne lo que puedo decir que me gustó muchísimo fue ese pequeña dársena donde estaban atracados los barcos. Era tranquilo. Después de haber caminado bastante me senté un rato para contemplarlo. Ya era de noche y las luces se reflejaban vibrantes sobre el agua. Solo había silencio y apenas un par de autos pasando por la calle más cercana. 


10 de mayo. De Roanne a Lyon (78 km)

Una buena subida por delante...

Me preparé unas tostadas con un pan que compré el día anterior. Lamentablemente no las podía acompañar con manteca. Y un café instantáneo. Con eso es suficiente. Tenía por delante un viaje corto en distancia pero con una subida bastante intensa y prolongada. Día soleado. 



Después de la subida, que fue bastante larga, tocó la bajada. Más de 15km en bajada; un verdadero placer. En el medio me topé con un hermoso dique. Aproveché para distenderme un poco. Lo peor ya había pasado y la bajada todavía continuaba. Me podía tomar tiempo y disfrutar del paisaje. 



Costó llegar al hotel. En las afueras de la ciudad. La bienvenida no fue precisamente muy acogedora. Un hombre orinando sobre el jardín del hotel. No tenía aspecto de alguien "buena onda". En la recepción me dijeron que pague los dos días de antemano. La habitación muy chica, pero logré entrar la bicicleta. El lugar me resultaba incómodo. O tenía un poco de privacidad o dejaba entrar la luz natural por la ventana. Tenía que elegir. Ya estaba dicho, iba a pasar dos noches. Las había pagado. Como siempre y luego de un viaje, me di una buena ducha y salí a pasear; ya estaba oscureciendo. 



Al día siguiente me levanté medio tarde porque quería descansar bien. Sabía que afuera hacía calor y mucho sol. Desayuné algo de lo que tenía del viaje. Me puse proyector solar, la gorra y salí a conocer la ciudad, pero de día. Antes había averiguado el punto de venta de tickets para un paseo en barco por el río y otros puntos que sabía que me iban a interesar. Por ejemplo los anfiteatros romanos. Con toda esa información, salí. 




Mucho sol. Caminé mucho. El paseo en barco estuvo hermoso. Menos mal que llevé el gorro. Volví por un paseo al costado del río. Me acosté sobre una plataforma de madera que había y pude descansar un rato, hasta que llegaron un grupo de personas y se pusieron al lado mío. Me acomodé en otro lugar pero volvió a llenarse de gente. Después de eso ya me volví al hotel. En el camino busqué donde comer. Encontré una casa de comida rápida de pollo, estilo KFC. Comí ahí y terminó mi día. Había que descansar para mañana. 

12 de mayo. De Lyon a Valence (110km)

Viajecito complicado

Me levanté bien temprano porque quería pedalear sin tanto calor, al menos en una parte del viaje. Desayuné un cafecito del hotel. Fui a la recepción a pedir agua en caliente y gentilmente el encargado me dijo que sí, que ahí detrás estaba la máquina para el agua. Era una máquina de café que por supuesto también daba agua caliente. Desde ya que me serví café y no agua. Eran las 9 de la mañana y ya tenía todo listo para salir. 


A los 10km de empezar, pinché la rueda de atrás. Pisé un pedacito de vidrio. Por suerte el lugar donde pude para tenía banquina. Era en una ruta estilo autopista. Pasaban muchos camiones. Me doy cuenta que las cámaras que compré no servían porque no entraba el pico en la llanta. Por lo tanto, plan B, me tuve que poner a parchear la cámara. En eso pasó una ciclista, una señora grande, de unos setenta y largo y me preguntó si necesito ayuda. Me hizo entender que había cerca una bicicletería. Nos quedamos hablando un rato. Me comentó que visitó la Argentina hace muchos años y que se quedó con un muy lindo recuerdo. Ella tenía que encontrarse a almorzar con una amiga parece y debía seguir camino. Le agradecí mucho el gesto. Yo monté la rueda nuevamente pero, como suele pasar, la cámara no aguanta mucho tiempo inflada. Por lo tanto necesitaba para otra vez. Al menos me permitía llegar a un lugar más cómodo. A las pocas cuadras que avancé veo un cartel que tiene una imagen como de una bicicleta. Me quedé pensado si desviarme o probar suerte más adelante. Me desvié, ¡y menos mal!. Era una tremenda bicicletería. Dentro, un vendedor que había visitado sudamérica y que hablaba español. No podía pedir más. Pusieron una cámara nueva y compré otras dos adecuadas. Estuve como una hora. A eso de las 12:30 retomé el viaje. A las pocas cuadras me sobre pasa un camión con acoplado y al doblar me tocó el manubrio y me tiró. No pasó nada. Solo tiró mi bicicleta al suelo. Yo salí de la bicicleta en el momento justo y por suerte no me caí. Unas horas después paré para comer en un parque muy lindo. Tenía una linda vista al río. Había unos chicos jugando y dando vuelta alrededor. 


Venía andando por la ruta y me crucé con una caravana de autos de los años 60'. Había una persona sacándoles foto. Hice un saludo de pasada. Al rato un auto me tocó bocina y frenó un poco más adelante. Paré obviamente. Se bajó el señor que sacaba fotos. Me contó que él también andaba en bicicleta. Que antes de la pandemia hacía viajes largos y que llegó a irse hasta Marruecos. Todo esto con algunas palabras sueltas y muchos gestos. Más allá de compartir estas cosas, paró para indicarme que había un camino especialmente para bicicletas al otro lado del río. Le dije que sabía, pero que éste camino de ruta me parecía más rápido y práctico. Luego de seguir "charlando" un poco más nos saludamos amablemente, le agradecí la información y continué. 

El viento en la ruta era fuerte y por supuesto en contra. Mucho esfuerzo por poco avance, así todo el recorrido.

Unos cuántos kilómetro después me crucé con otro cicloturista. Éste estaba realmente cargado. Nos saludamos y nos quedamos charlando un rato. Primero en inglés, hasta que él se da cuenta que hablamos español los dos. Venía de España. Hacía tiempo que estaba dando vueltas. Quería conocer Grenoble, no recuerdo por qué y luego cruzar a Italia. Venía de Valence, mi destino. Me mencionó la ruta para bicicletas al otro lado del río. Como venía bien de tiempo, decidí ver de qué se trataba. Valió la pena, aunque solo por un rato. Después de 20km vuelvo a la ruta.



A eso de las 20hs finalmente llegué a Valence. Estaba muy cansado y agotado mentalmente. Dudaba que pudiera repetir una travesía al día siguiente. Había estado más de nueve horas pedaleando. Necesitaba descansar. Entré al departamento. Estaba increíble. Si tenía que descansar, acá debía ser. Me bañé y salí a dar una vuelta. 




Al día siguiente, ya muy descansado y relajado salí a conocer nuevamente. Una ciudad pequeña pero linda de caminar. 

Aproveché y me compré un chip para poder tener datos siempre. Estaba cansando de estar sin internet durante el viaje. 




14 de mayo. De Valence a Orange (106km)

Un viaje perfecto

Día de sol. Temprano bien arriba. A las 9 ya estaba listo para salir. Pensé que estaba fresco y me había puesto el buzo. Pero a los minutos me lo saqué. 

 

 


El viaje resultó ser perfecto. Ojalá todos fueran como este. Fui tan bien que eran las dos de la tarde y me faltaba menos de hora para llegar a Orange. Paro para descansar y vi que en la cima de una formación rocosa hay un fuerte. Miré en Google y se podía visitar. Subir fue agotador y desde ya que me tuve que bajar de la bicicleta porque resultó imposible seguir pedaleando con semejante inclinación. Casi abandono. Caminaba diez metros o menos, y tenía que descansar. Pero llegué. Todo un logro, pensé que no iba a poder. Valió la pena. Fue hermoso. Una cápsula del tiempo.

 

 

Alrededor de las 3 de la tarde llegué a Orange. Fui al hotel que había reservado. En la puerta veo que hay gente esperando afuera. El lugar estaba cerrado. Pregunté a un señor que estaba afuera y me dijo que abrían más tarde. Mandé mensaje a través de Booking para preguntar qué estaba pasando. No tuve respuesta. Le di de baja a la reserva y busqué otro hotel. Me fui para allá. Sin duda una gran decisión. El nuevo hotel me gustó mucho y me atendieron muy bien. Como de costumbre, me di una ducha y salí a pasear. Esta ciudad tenía muchas ruinas romanas y en muy buen estado, como el anfiteatro. Impresionante, me encantó. 







15 de mayo. De Orange a Aix en Provence (95km)

Desayunando con ópera y clásicos

Pagué por el desayuno porque me lo habían recomendado. La verdad es que no fue muy bueno, pero me gustó la música de fondo. Ópera y clásicos. Fue un lindo toque. Para las diez ya estaba listo para salir. Estaban tocando días hermosos; diría que demasiado por el sol. Las nubes eran bienvenidas. 




Fue un viaje tranquilo. Sin mucho para destacar. Legué a eso de las 17 horas. Fresco. Encontré el hotel y me di una ducha. Hablé con unos amigos por teléfono y después salí a conocer. 






16 de mayo. De Aix en Provence a Fréjus (123km)

Por fin, el tan deseado mar...

Me improvisé un desayuno con algunas galletitas dulces y saladas. Pedí agua caliente para un café instantáneo. Con eso me alcanzó. Como otros días, alrededor de las diez de la mañana estaba listo. Un día despejado y mucho, mucho sol. Como siempre, protector solar a la orden del día. Tocaba un viaje largo y ya tenía encima dos viajes sin descanso. El plan original era dividir el trayecto en dos, parando en Brignole. Pero no, decidí hacerlo en un día. Fue una buena elección. Me crucé con paisajes amplios, verdes, y montes de fondo. Muchos viñedos y olivos. Más de la mitad del recorrido fue sobre ruta sin banquina. Lo sufrí bastante porque además había mucho tránsito; liviano y pesado. Muy estresante, pero por suerte no tuve ningún contratiempo. 




Llegué a la puerta del edificio y esperé durante un rato a una mujer que me presentaba el departamento que renté. Estaba muy bien equipado y con una vista agradable. El balcón era sin duda el mejor lugar. Después de acomodarme y darme un baño, salí a conocer. Quería encontrarme con el mar, finalmente. Como me gustó mucho la ciudad playera, decidí quedarme dos días completos. El clima prometía sol. 




Me crucé con un McDonnal que daba a uno de los pequeños puertos de la ciudad y comí tranquilo, afuera. El clima estaba perfecto. 
Antes de ir a dormir puse la pava a calentar para hacerme un tecito con miel. Saltó la luz, estaba en corto. Después de subir la térmica calenté agua con el anafe y me fui al balcón a tomarlo. 

Al día siguiente me fui directo a la playa con mi esterilla de goma espuma. Me quedé tomando sol un buen rato. Disfruté el momento. A la tarde me fui a comprar para almorzar.

El último día me dediqué a conocer la parte histórica de la ciudad. Había un coliseo romano y un teatro, además de muchas otras ruinas. Como siempre, un viaje en el tiempo.



19 de mayo. De Fréjus a Niza (75km)

Antes en avión, ahora en bici

Me levanté a una hora razonable. Me hice un cafecito instantáneo acompañado con un pan con manteca y galletitas varias. Limpié y ordené un poco el departamento. Vino la mujer y le dejé las llaves. Ya tenía todo listo. A los minutos, partí para Niza. Durante los primeros kilómetros tuve que parar varias veces para ir al "baño. El sol, brillando sin nubes. Éste era un viaje "corto" bordeando la costa azul, como le dicen. Si alguna vez me imaginé haciendo un viaje por Europa, me lo imaginé así, yendo por la costa del Mediterráneo. Mientras andaba y miraba al mar aprovechaba para tomar conciencia de que mi sueño ya no era tal, sino pura realidad. En el trayecto pasé por Cannes, justo en el momento del festival de cine. El tránsito estaba interrumpido, tardé mucho en salir de ahí pero no venía con apuro. 





El departamento que renté salió caro pero estaba muy lindo. En realidad todo era caro y ese dentro de todo lo consideré barato para lo equipado que estaba. Lo de siempre, me acomodé, ducha y salí a caminar; y a la playa...

Al día siguiente después de haber dormido bien, me preparé para caminar y recorrer por la mañana y el medio día y después del cafecito de la tarde me fui a playa. Un día espectacular. Me metí al agua y estuve mucho tiempo porque estaba increíble. Lo disfruté mucho. A la noche, fui al supermercado y me compré para cocinarme unas hamburguesas con ensalada. Estuvo rico.







21 de mayo. De Niza a Albenga (110km)

Finalmente cambio de país...Italia

Desayuné, me preparé y listo para salir. Dejé la llave en el locker de la entrada del edificio. No estaba tan soleado y por suerte había algunas nubes. Vi lindos paisajes cuando salía de la ciudad. El color del mar muy intenso. Luego de unos cuantos kilómetros llegué a Mónaco. No sabía como avanzar. Estaba todo cortado y los pocos caminos que habían eran por túneles. Yo no sabía si las bicicletas podían ir por esos lugares. Tampoco tenía buena señal en el teléfono. Con tiempo encontré la forma de seguir la ruta. Pasé por la avenida que se transforma en pista de formula 1 y efectivamente la estaban adaptando porque el fin de semana siguiente se corría la carrera. Aproveché y saqué un par de fotos sin olvidar de que me paré en el medio de la avenida con autos pasando al lado. Al rato tocó una subida muy fuerte. Pero sirvió para una linda foto que un turista se ofreció a sacarme y que le agradecí mucho. 



Eran las 12:30 y finalmente estaba cruzando a Italia. ¡Increíble! Las nubes empezaron a abundar y se cubrió completamente al menos por un tiempo. Pude apreciar que mi teléfono se quedo sin datos apenas me adentré. Al kilómetro y medio de continuar la rueda de atrás estalló, o al menos así pareció por el ruido. Miré para abajo y confirmé que se desinfló al instante. Era un pedazo de vidrio clavado en la cubierta. Algo grande, pero nada grave. Demoré unos treinta minutos en cambiar la cámara. Ocurrió un problema y es que cuando volví a inflar la rueda, la cubierta no se fijó bien en los bordes de llanta. La desinflé e inflé un par de veces pero no había manera de que quede bien. El resto del viaje tuve que andar con un golpeteo debido a eso. Muy molesto. 


El viaje se me hizo un poco tedioso. Sin datos en el teléfono, y con el traqueteo en la rueda de atrás no es la mejor forma de llegar a un lugar. A eso de las 18:30 llego a la ciudad. Como no tenía datos en el teléfono paré en una peluquería y le pregunté a una mujer para que me ayude a encontrar la dirección del hotel. Finalmente encontré el lugar. Federica me estaba esperando hace rato y no tenía como avisarle que había llegado. Entré a un bar, pedí un café y pregunté por el wifi. Recién ahí pude mandar mensaje y nos pudimos encontrar. =D


Después de acomodarme salimos a caminar por el centro histórico. Primero fuimos a tomar un aperitivo mientras charlamos de la vida y luego encontramos un restaurante para cenar. 
A la noche seguimos caminando y nos cruzamos con una antigua ruina en el medio del río que cruzaba la ciudad. Alucinante. Lamentablemente no tomé fotos de eso. 




22 de mayo. De Albenga a Masone (95km)

¡Listo para el gran día...!

A eso de las 9:30 estábamos desayunando. Alrededor de las 10 ya estamos listo para salir. El cielo se lo veía algo nublado. Mientras estamos ultimando detalles empezó a garuar. No parecía nada grave, pero debíamos estar atentos. Además, en mi caso, tenía que prestar atención a mi rodilla derecha. Los últimos kilómetros del día anterior hicieron que me empezara a doler de forma intensa y poco habitual. Al cabo de unas pocas cuadras de haber empezado, la garúa se transforma en llovizna y por si fuera poco a mi rodilla la siento con el mismo dolor, como si no hubiera descansado. Tuvimos que parar. Nos quedamos un rato analizando posibilidades. A los minutos la llovizna se volvió un poco más fuerte, pero iba y venía. Decidimos avanzar. A los 20km se podía decir que estaba lloviendo. Fue en ese momento cuando, nuevamente, la rueda de atrás se pinchó. Paramos y entre los dos cambiamos la cámara. 



Alrededor de las 12 del medio día paramos en un barcito a comer algo y aprovechamos para pasar al baño. El cielo estaba nublado y a veces con un poco de garúa pero lo suficientemente bien como para que no nos detuviera. Unos kilómetros más tarde el dolor de mi rodilla de atenuaría bastante, al punto de sentirla casi normal. Menos mal, porque sino hubiera sido complicado seguir. Sabía que lo peor del recorrido estaba al final, de Genova a Masone.

A las 16hs ya se podía ver Génova a los lejos. Mientras andábamos, estaba tratando de entender lo que había hecho, y recordando que mi viaje había empezado en París. ¡Qué loco!. Encontramos un cartel de la ciudad y sacamos las fotos del caso para sumar a colección. 



Después de que nuestra pasión por la el andar en bicicleta nos haya hecho compartir este hermoso tramo desde Albenga hasta Genóva, Federica* siguió su camino a casa y yo seguí mi camino por el Turcino directo a Masone, mi destino final, donde están mis padres. Entendía que era la peor subida de toda la travesía desde París. Mi rodilla no estaba en su mejor momento pero como todo en la vida, con paciencia y tomándome el tiempo necesario iba a ser posible. Empecé la subida y sí, tal como lo esperaba, era una prolongada que me hacía ir a velocidad de caminata. Muchas vueltas. Apareció una neblina que a medida que subía se volvía más espesa. Tuve que parar a descansar varias veces. Ya quedaba poco. En eso, entre medio de la niebla veo por primera vez un cartel que dice "Masone". ¡Qué alegría!. Justo en ese punto el camino deja de ser en subida y comienza a bajar. Minutos después llegué a Masone y me reencontré con mis padres, "los Bichos" que me recibieron con un cartel de bienvenida; ¡como no podía ser de otra forma ja ja!

* ¡Gracias Fede por haberme acompañado, ojalá se repita...!






¡LO LOGRÉ!

Terminó mi viaje

 París - Masone

Del 5 al 22 de mayo




















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