Los preparativos para la "Gran travesía"
La primera prueba...
Unas semanas antes comencé a preocuparme por adquirir todo el equipamiento necesario para hacer viajes de largas distancias en bicicleta. El lugar indicado para este fin, por practicidad, fue Decathlon. Ahí compré la mayoría de todo lo que consideré indispensable: estuche de herramientas, kit para pinchaduras, bolso de manubrio, estuche para teléfono, piloto y pantalón de lluvia, cámaras de repuesto, luz, calzas para bicicleta, inflador y demás accesorios.
En una casa de bicicletas eléctricas pude conseguir dos alforjas marca Ortlieb a "solo" 140 euros. Lo que me llamó la atención es que mi elección fue completamente espontánea y consideré que eran las mejores de todo un abanico de posibilidades que tenía. Tiempo después tomé noción de que absolutamente todos los ciclistas de largas travesías con los que me crucé también usaban las mismas.
Faltando pocos días sentí que debía probar cómo era el andar de la bicicleta estando cargada casi por completo. Cargué las alforjas llenas de cosas e hice una prueba dentro de la Cité Universitaire. Antes de andar temí que estuviera muy pesada y me corrió una sensación de que no iba a ser capaz de soportarlo. Cuando me subí y empecé a rodar me sorprendí por lo fácil y liviana que se sentía. Desde ya que se notaba la carga, pero una vez que me empezaba a mover, la inercia desaparecía y resultaba cómodo.
¡Era la primera prueba superada!
La prueba en calle....
Listo. Ya sabía que podía manejar el peso y la inercia que representaba estar con la bicicleta cargada, pero ahora tenía que probarlo en la calle, en las avenidas y con tránsito. Y eso mismo hice. Decidí usar el recorrido camino al trabajo como pista de prueba. Todo resultó excelente, y a los minutos de partir ya había adquirido confianza suficiente. Fue un viaje de unos 19 km que me demoró 1 hora y 10 minutos aproximadamente. Un diez porciento más tiempo que sin carga.
¡Todo listo...!
En cuanto al día de inicio del viaje ya estaba fijado el 5 de mayo por la mañana. Era fundamental que pudiera mandar la valija por correo a Masone en Italia donde viven mis padres. No tenía mucho tiempo y debía hacerlo el mismo día. Por ese momento estaba necesitando terminar un informe del trabajo y completar otros documentos y para eso necesitaba tener mi computadora. Uno días antes había decidido que no la iba a llevar conmigo. En su lugar llevaba mi teléfono, desde ya, y una tablet.








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